Microrreflexión: La extinción de los tontos.

0 comentarios
La extinción de los tontos no fue abrupta, sino un proceso lento que duró decenas de miles de años; si bien es cierto que dicho proceso de extinción se aceleró de manera exponencial durante la última fase de la civilización humana. Era algo lógico, formaba parte del proceso natural: aquellos que no tienen normas éticas o morales se enfrentan al mundo libres de ataduras, siempre jugando a favor de sus intereses y su perpetuación, utilizando cualquier medio a su disposición para su beneficio. Es más fácil sobrevivir si abandonas a enfermos y viejos, es más fácil ganar si robas vidas, dignidad y propiedades.
En cambio los tontos se sienten obligados a pensar en los demás, en el futuro, a veces incluso por encima de ellos mismos. A las restricciones que la vida cotidiana les impone deben añadir las que sus creencias morales le auto-imponen. No tienen más hijos porque el mundo está superpoblado. No matan a su enemigo por lo que tienen un enemigo de por vida. No se conforman con su solo beneficio sino que miran el de la mayoría, con lo que muchas veces su beneficio es menor. Y por encima de todo, van con la verdad por delante.
El último gran tonto de la historia vino de la India y fue uno de los pocos que venció y conservó la vida. Pero solo fue una anomalía en el natural devenir de la historia humana. Y como tal quedó. El “éxito” prevaleció sobre cualquier otra cosa, que importaban ya inmortalidad, honradez o humanismo, cuando el dorado “éxito” traía fama, dinero y belleza.
Mujeres y hombres dioses, adorados por multitudes, cuyo tren de vida arroya a millones de personas. Asesinados que quieren ser como sus asesinos. Niños que juegan a violar. Niñas que se hacen las muertas. El “si tú estás bien todo vale”. Éxito... Vaya éxito...

(Viendo un vídeo de Emilio Duró me he acordado de esta "casi reflexión" que escribí hace tiempo; que conste que él no tiene culpa alguna de este texto).

No hay comentarios:

Publicar un comentario