Microrrelato - El día que cambió el mundo.

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La convocatoria era clara: “El día 21 de junio todos los que quieran participar deben pasar un día genial. Solo tienen que quererlo. Del resto me encargo yo. ¡Es gratis!”.
Aquella tontería no parecía tener mucho futuro, por eso cuando meses después apareció en las noticias dejó boquiabierto a más de uno: ¡Más de 300 millones de seguidores! ¡Más de 70 países! Mucha gente tenía claro que en dos semanas viviría un día genial.
Y así fue. Aquel día fue genial para los que lo quisieron y para los que les rodeaban. La gente continuó muriendo, las desgracias se produjeron, las guerras no se pararon; pero hubo menos bombas, menos asesinatos, menos violaciones y más gente ayudándose.
El día le sentó bien al planeta. Muchos salieron a la calle, se gastó menos petróleo. Se cazó menos. Se comió menos carne. Y se hizo más el amor. Fue un día que muchos recordarían por motivos personales...
Pasaron 24 horas y todo volvió a ser igual. La gente volvió a seguir a sus ídolos, a empujar a sus iguales y a pisar a sus contrarios. La mala leche lo volvió a inundar todo una vez más. Y una vez más el pesimismo oficial se instauró en nuestros corazones a golpe de telediario y anuncio.
Daba igual, la mecha estaba encendida: Algunos nunca podrían olvidar los sentimientos que albergaron aquel día, las sensaciones; no podrían dejar de buscarlos. Era inevitable.
¿Quien era el promotor de la causa? Tú. Si quieres... Tú.

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