Microrrelato - El orgullo de negarse.

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No destacó en la vida por lo que hizo, sino por lo que no hizo. Tuvo varios trabajos, mujer e hijos; estuvo parado; se emborrachó alguna vez; le gustaban los crucigramas y el fútbol; ayudo a algún amigo; le atracaron. Como ya os dije nada fuera de lo habitual.
Hasta que empezó la guerra y fue forzosamente reclutado. Y no volvió a saber de su mujer, ni de sus dos hijos. Y pegó tiros. Y los recibió. Y durmió intranquilo. Y pensó en los que había matado. Y tuvo pesadillas.
Y un día le llamaron para formar parte de un pelotón de fusilamiento. Enfrente 13 hombres, 2 de ellos, prácticamente niños. Enfrente orines, suciedad, sangre y olor a mierda. Enfrente caras de terror. Lagrimas. Él miró a su capitán y le dijo que no iba a disparar. Su capitán le pidió el arma. Él la entrego. Después lo empujaron al otro lado del pelotón.
Apenas tuvo tiempo de pensar en su mujer y en su hijos, en lo orgullosos que se sentirían si algún día llegaran a saber lo que había hecho. Tuvo miedo. Luego murió. Con dignidad, con mucha más dignidad que los que dispararon.
Gracias a lo que él no hizo, a lo que otros antes que él no hicieron, hoy, su hijo es un hombre justo, respetuoso. Un hombre que busca incansable el reconocimiento de personas como su padre: mujeres y hombres que dieron sus vidas porque se negaron a matar a un semejante o a torturarle.
Esta es su breve historia; la breve historia de una buena persona; un persona que podría ser judía, negra, gitana, croata, suní, alemana, francesa, italiana, española...
¡Ayudemos a estas mujeres y hombres! ¡Recordemos a sus padres!

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  1. Bonita historia para recordar que, incluso en las situaciones más extremas, siempre tenemos una posibilidad de elección (por mínima que sea).

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