Neo-liberales: o como negar la diferencia.

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La gran victoria de los neo-liberales se podría resumir en dos ideas: “El mundo siempre ha sido así” y “Tú harías lo mismo”. Con estas dos grandes mentiras inoculadas a la población han conseguido llevarnos a la situación actual. Con ellas se justifica desde la conducta de un corrupto, hasta la existencia de los fondos de inversión que doblegan la voluntad de los países, y con ellas se adormecen las conciencias. Porque “si el mundo ha sido siempre así”, ¿como vas tu a cambiarlo? ¿Acaso tiene sentido siquiera intentarlo? Y si “tu harías lo mismo”, ¿como vas a juzgar a “tu igual” con dureza? De hecho, ¿quien eres tú para hacerlo? No son ideas innovadoras, ni imaginativas, pero es precisamente ahí donde radica su potencia de convicción.
Ambas ideas se han utilizado a lo largo de la historia para justificar el empoderamiento y la riqueza de unos frente a la miseria de otros. Siempre ha habido señores y vasallos, poderosos y débiles, amos y esclavos... ¿O estoy mintiendo? Siempre ha habido guerras, robos injusticias, violaciones... Es la pura verdad ¿no? Pues no. No es la verdad. Todos sabemos que hay periodos de paz, que la esclavitud está abolida en el mundo occidental, que en España tenemos un sistema social y judicial que intenta acabar con desigualdades e injusticias, que la democracia nos otorga unos derechos comunes para todos... Pero se nos olvida, es demasiado largo, y además no es mundial, no se cumple en todo el planeta al mismo tiempo. En cambio “El mundo siempre ha sido así” nos cautiva con su sencillez y un halo de universalidad e inmutabilidad. El cambio nos aterra, y siempre preferimos lo malo conocido, así que esta coletilla que sirve para justificarlo todo no necesita siquiera demostrarse cierta. La aceptamos encantados, sin pensar lo falsa que es, a pesar de lo fácil que es darse cuenta. Veámoslo...
El mundo nunca ha sido así. Hasta hace 100 años no había aviones, hasta hace 60 no había ordenadores, la democracia española aún no ha cumplido 40 años, y el movimiento 15M no existía hace un año. Todo cambia, lo tangible y lo intangible. Nuestra tecnología ha evolucionado, nuestra sociedad y sus reglas también. Sigue habiendo violaciones, si, pero la diferencia es que ahora están penadas y no institucionalizadas como en la Edad Media. Sigue habiendo abusos y desigualdades, también, pero ahora nos hemos provisto de una constitución y de un sistema judicial para reducirlas al mínimo, cosa que no ocurría en el Antiguo Egipto, por ejemplo. Todo ha cambiado. Y gracias a eso ya no hay esclavos negros en Estados Unidos, o señoritos andaluces que usen a sus jornaleros como perros de batida en España. El sistema tiene sus fallos, obviamente. Pero, aún con ellos, creo que debemos reconocer que se ha avanzado mucho.
La historia de la humanidad está llena de personas que no se conformaron con que el mundo fuera así y lucharon para cambiar las cosas. Gracias a ellas, unas anónimas y otras no, estamos aquí. Si hubieran sido tan complacientes como somos hoy en día aún estaríamos saltando de árbol en árbol; hace mucho tiempo (unos 350.000 años) tuvo que haber un simio que se planteara que podía bajar, que podía vivir de otra manera... Eso es lo que están clamando muchas voces hoy en día: que se puede vivir de otra manera. ¿Cómo? Pues aún no esta muy claro (igual que ese simio al que hacíamos referencia tampoco sabía muy bien que le esperaba abajo). Pero se van vislumbrando cosas: la principal y primera es que no tenemos que dejarnos convencer por los conformistas, por lo voceros de ese “el mundo siempre ha sido así”. Porque las cosas ya están cambiando y si no hacemos nada lo seguirán haciendo, en detrimento de nuestros derechos y a beneficio de los mercados. ¿Acaso no son cambios lo que ha provocado la crisis? (aunque sean claramente interesados y dirigidos por unos pocos y no por la ciudadanía). Estamos involucionando socialmente, la pasividad de la ciudadanía, de nosotras y nosotros, acelera el proceso. Nunca hemos tenido tanto poder de decisión y al mismo tiempo hemos sido más incapaces de ejercerlo.
En nuestra actitud también influye, y mucho, esa idea de que “tú harías lo mismo”. Empezamos tolerando este tipo de afirmaciones y al final las hemos acabado interiorizando, haciéndolas nuestras. ¿De verdad crees que tú harías lo mismo? Puede que si, puede que seas un verdadero hijo de puta, orgulloso de estar, pero también puede que no. Puede que pienses en toda la gente que se va a quedar sin atención sanitaria, en los ancianos que sufrirán lo indecible en paupérrimos geriátricos, en los niños que viven en chabolas y que nunca saldrán de ellas porque, entre otras cosas, no van a recibir una educación adecuada. Puede que seas como muchas otras personas que salen a la calle y ven iguales con los que muchas veces empatizan, gente con los mismos problemas y anhelos, gente que en un momento dado se ayuda, y que a veces resulta molesta, pero que nunca es el enemigo...
Si eres de esos, de los que no piensa que solo la chusma tiene que ir a trabajar todos los días, de los que no cree que todo el mundo que no tenga más de un millón de euros en el banco es gentuza. Entonces estás de suerte, porque somos mayoría. Solo hay un problema: eso no es suficiente para frenar la involución social que se nos quiere imponer. Hay que hacerse de notar. Hay que ser valiente y decir: ¡Yo no soy un banquero! ¡Yo no soy un ladrón! ¡Yo no soy un corrupto! ¡Yo no haría eso! ¡Y mientras no me demuestren lo contrario no voy a tolerar que nadie me diga que “yo haría lo mismo”! Hay que despreciar al político corrupto, al banquero evasor, al periodista faccioso. ¡Tolerancia cero para los que roban a la sociedad, ya sea dinero o derechos! Ese es el principio del cambio que creo que pedimos muchos...
Debemos acabar con las dos ideas más nocivas que se han inculcado a las sociedades occidentales en los últimos 40 años (de manera sistemática, además). Desde ellas el viaje solo te puede conducir a la desesperanza o la “ley de la selva”, en las que unos y otros estamos; en definitiva, a no participar en nuestras democracias o, por el contrario, a votar a imputados, idolatrar chorizos y defender mangantes… como ocurre con el PP, con el PSOE y con cualquier otro partido, siempre que los electores piensen que la corrupción es un mal menor o que votar a un ladrón les va a reportar algún beneficio…
Es hora de que cada uno presuma de su honradez y no de su dinero. De que no solo pidamos cambios, sino que digamos que cambios queremos. Es hora de decidir si queremos ponerle límites al dinero, si queremos que algo prevalezca sobre este (la vida humana, la naturaleza, la dignidad...). Ya estamos viendo los “grandes cambios” que están provocando las ingentes acumulaciones de dinero: las democracias están en peligro. Es hora de que te decidas, o los aceptas, o te pones a provocar otros cambios, porque ya nada será igual. Todo evoluciona. Todo cambia a mejor o a peor. Y esta vez quizá tengamos algo que decir y lo podamos hacer...

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